Ese libro -Mujeres de Ojos Grandes de Ángeles Mastretta- fue el primero que me regaló alguien que no fuese de mi familia. Fue el primero y último regalo de mi madrina, fue el regalo de Norma.
Norma Ríos es el nombre de tan excelente mujer. La elegí como madrina durante el último año de aquella tragicomedia que fue mi escuela secundaria. ¡Durante cinco años crecí y adolescí tantas cosas! Pero entre todo lo bueno, estuvo Norma, mi madrina. No la tuve de profesora todos mis años de secundaria, pero la adorabamos todos. No solo era la profesora mas piola y divertida del secundario, si no, una profesora que era nuestra amiga (¿O una amiga que es profesora?). La respetabamos más que incluso a nuestra rectora (La gran Lilia, que a pesar de su pequeño físico, es una gran mujer también).
Fue por ella que me sentí segura con mi afición por la lectura y la escritura. Bajo su ala protectora, soñé con ser escritora. Bajo su guarda, la sorprendí eligiendo mi futuro como Ingeniera más que como cualquier otra profesión. Y ahora, que su recuerdo se preserva en mi mente, tan dulce y cálido como en aquellos años, la sorprendería (O no) nuevamente al decirle que abandoné ingeniería por historia. Y quizás en algunos años la sorprendía por cambiar a Literatura (O no).
Y ese libro me hizo creer más en mí. Me emocionó. Lo devoré como al mejor de los clásicos de un tiempo inexistente. Y aún hoy releo su dedicatoria, que con todo el amor del mundo, quisiera compartir con Ustedes:
Los ojos grandes son los del alma, del corazón.
Estos relatos pretenden mostrar el obrar femenino con inteligencia y sentido común.
Vas en camino de ser una bella mujer con los ojos grandotes de tu alma, nunca olvidés lo que valés y lo que sos, andá despacito y firme. La mejor arma que tenés, sos vos misma.
¡Viví!, todo en la vida sirve, usalo.
Tu madrina
Norma
17-XII-04
Y hoy, cuatro años después casi de aquel día… estoy nuevamente con ese amado libro en mis manos. En el día en que decidí dejar nuevamente una etapa atrás.
¡Nuevamente dejo en claro que te voy a hacer caso, Madrina!
Espero volver a verte algún día, y decirte: Lo logré, ¡Estoy en camino!