-Reina camorrista, ¿vas a reñirme en esta hora?
-Más que nunca -dijo Cleopatra, sollozando dulcemente-. Por que te me adelantas en el camino que debíamos recorrer juntos.
El la veía a través de sus ojos nublados, la sentía en los estertores de su dolor, la buscaba con sus gemidos entrecortados.
-Esta herida es como un pozo de cal viva. ¡Arde como ella! Pero estoy satisfecho porque mi brazo todavía tenia fuerza para hundir la espada.
-Tu brazo es el del héroe que soñé de niña.
-Cuando te vi por primera vez, Cleopatra. Cuando eras la más bella entre las flores de César.
-¡Y tú eras tan hermoso, Antonio! Estabas hecho a la altura de Alejandría.
-Cleopatra y Alejandría. Las dos me habéis atormentado hasta la muerte. ¿Cómo podía saber que, al abandonarme todos mis dioses, sólo vosotras quedaríais para velar mi sueño eterno?
-Siempre es desvelada la noche del que ama.
-Si alguien quiere saber qué es el amor, no diga nunca que fue un sueño. Cuando todos mis otros sueños fracasaron, éste existió con tanta fuerza que, al morir, lo invoco como el único dios que dirigió mis caminos… -exhaló una poderosa risotada, y todo su cuerpo se echó a temblar en pavorosas convulsiones-. ¡Cierra tú mis ojos, reina camorrista! Por una vez no podrás discutir mis últimas palabras…
Levantó la cabeza, ayudado por las manos de Cleopatra. Sus labios se encontraron en un beso que tuvo la duración de todos los siglos del pasado.
Y de repente, ella supo que Antonio se había ido.
-¡Basto romano! -exclamó-. ¡Una vez me abandonaste y hoy te me anticipas…! ¡Nunca has sabido tratar a una dama!
Dejó caer su cabeza sobre el pecho ensangrentado de su amante. Detrás de ella, Iris y Carmiana sollozaban. Y una de ellas se volvió al arpista ciego y le pidió:
-Toca, Ramose, toca la canción que tanto gustaba a Marco Antonio…
Sonó una melodía de infinita tristeza, un aire suave que transportaba ecos de amores antiguos, cadencias de idilios junto al Nilo, traviesos arpegios que recordaban los rumores de la brisa…
-Tiempo, detén tu curso sobre este instante. Escucha mi mensaje, dulce Antonio. Nunca sabrás cuánto te amó la reina de Egipto. Nunca sabrá el mundo cuánto agradecí el haberte amado. Por ti llegué a conocer todas las formas del amor. ¿Qué otro mortal podrá decir lo mismo? Te amé cuando eras joven y arrogante, te odié cuando te fuiste de mi lado, te deseé cuando fuiste vencedor, me enternecí cuando te vencieron. Conocí el arrebato de la pasión, los fuegos del deseo, la ternura de la resignación, la serenidad de la lástima… Todo lo tuve por ti. Ya sólo queda una forma del amor, y está en manos de los dioses. A ella me dirijo, Antonio. Es el amor que vibra más allá de las constelaciones, en el lugar donde se encuentran para siempre los amantes…
Esa primera quoteada es por la muerte de Antonio… Pero la siguiente, magnifica a la gran Reina, y realmente me encanta su terquedad.
Por un instante, Cleopatra se sintió traicionada.
-Fue una falsa voluptuosidad, Sosígenes, y tú lo sabes. Rodeé a Antonio de todos los placeres que podían retenerle a mi lado. Le di la voluptuosidad de la carne. Renové su asombro día a día, embriagando sus sentidos con los estímulos que Roma no puede darle: suntuosidad, exotismo y extravagancia hasta en el sexo. Por él fui tina sacerdotisa de la pasión. Pero conservé mi cerebro despierto.
-Entonces, ¿por qué se ha dormido de repente? ¿Por qué no piensa tu cerebro que Antonio todavía te ama con locura, pero se ha visto obligado a ceder ante una razón de estado?
Cleopatra se volvió con la cólera del basilisco.
-Porque le aborrecería mucho más. Puedo llorarle porque se enamorase de esa viuda romana, puedo detestarle al pensar que profanó mi lecho. Pero si supiese que ha sido tan débil corno para ceder ante una orden de Octavio, entonces le despreciaría abiertamente. Pensaría que no conseguí que estuviese a mi altura.
Y Sosígenes se mostró extremadamente cauto al decir:
-Esta y no otra es el arma que necesitas para defenderte contra el amor.
-Un arma que desacreditase a Antonio sólo serviría para demostrarme que el amor de la reina de Egipto no vale nada. Tan estúpida me consideras como para llorar por alguien que no lo merece?…
Realmente creo que no existe forma en que una persona lógica como yo, pueda llegar a sentir todos estos sentimientos. Por eso probablemente me gusta este tipo de historias.